7. Participación en talleres de gestión de la ira y gestión socioemocional en alumnado con altas capacidades

Fecha: Todos los martes durante el periodo de prácticas
Fase: Implementación y observación participante
Centro de prácticas: Espacio Actúa

Descripción de la actividad

Durante el periodo de prácticas he participado todos los martes en los talleres de gestión de la ira y gestión socioemocional dirigidos a niños y niñas con altas capacidades intelectuales. Mi participación se ha desarrollado como apoyo a la psicóloga responsable de la actividad, colaborando en la preparación del espacio, la observación del grupo, el acompañamiento individual cuando era necesario y la dinamización de algunas tareas propuestas.

Estos talleres se orientan a trabajar aspectos emocionales y relacionales especialmente relevantes en menores con altas capacidades, como la identificación de emociones, la expresión adecuada del malestar, la tolerancia a la frustración, la autorregulación, la gestión de conflictos y la búsqueda de estrategias alternativas ante situaciones de enfado o bloqueo.

Objetivos de la actividad

  • Observar dinámicas emocionales y relacionales en niños y niñas con altas capacidades intelectuales.
  • Colaborar con la psicóloga en el desarrollo de talleres de gestión de la ira y regulación socioemocional.
  • Acompañar al grupo en la identificación y expresión adecuada de emociones.
  • Favorecer estrategias de autorregulación, comunicación y resolución de conflictos.
  • Relacionar la intervención directa con menores con la orientación posterior a familias.
  • Reflexionar sobre el papel psicopedagógico en el acompañamiento emocional.

Desarrollo de la actividad

Las sesiones se desarrollaban en formato grupal, con grupos de 4-5 niños y niñas. Generalmente, la psicóloga iniciaba la sesión con una actividad de acogida o con una pregunta inicial que permitía conectar con el estado emocional de los niños y niñas. A partir de ahí, se planteaban dinámicas relacionadas con la ira, la frustración, la impulsividad, los conflictos con iguales o la dificultad para aceptar errores, límites o situaciones percibidas como injustas.

Mi papel consistió principalmente en observar, apoyar y acompañar. En algunos momentos ayudé a mantener la atención del grupo, reformular intervenciones, validar emociones o apoyar a algún niño o niña que necesitaba un acompañamiento más cercano. También pude observar cómo la psicóloga intervenía ante situaciones de tensión, reconduciendo el conflicto sin invalidar la emoción y ayudando a diferenciar entre sentir ira y actuar desde la ira.

Algunas de las actividades trabajadas giraron en torno a preguntas como: “¿Qué noto en mi cuerpo cuando me enfado?”, “¿Qué puedo hacer antes de explotar?”, “¿Qué cosas me ayudan a calmarme?”, “¿Cómo puedo decir que algo me molesta sin hacer daño?” o “¿Qué alternativas tengo cuando siento que una situación es injusta?”. Estas preguntas permitían que los niños y niñas fueran tomando conciencia de sus respuestas emocionales y ensayando estrategias más adaptativas.

Evidencias

Como evidencias de esta actividad se pueden recoger:

  • Registro de observación de las sesiones.
  • Notas personales sobre dinámicas trabajadas.
  • Esquema de actividades de gestión emocional.
  • Materiales utilizados en los talleres, respetando siempre la confidencialidad.
  • Reflexiones personales sobre situaciones observadas.
  • Registro de aprendizajes vinculados a la intervención socioemocional.

Por motivos éticos y de protección de datos, las evidencias no incluyen nombres ni información identificativa de los menores participantes.

Evaluación de la actividad

La valoración de esta actividad es muy positiva. La asistencia continuada a los talleres me permitió observar procesos emocionales que no siempre se aprecian en una entrevista o en un informe. La intervención grupal ofreció un contexto real en el que los niños y niñas podían expresar dificultades relacionadas con la intensidad emocional, la frustración, la rigidez ante determinadas situaciones o la vivencia de injusticia.

Desde el punto de vista psicopedagógico, esta experiencia me ayudó a comprender que la atención a las altas capacidades no puede centrarse únicamente en el rendimiento cognitivo o académico. La dimensión socioemocional forma parte del acompañamiento integral y debe ser tenida en cuenta tanto en la intervención directa con los menores como en la orientación a las familias.

La principal fortaleza de los talleres fue la posibilidad de trabajar las emociones desde situaciones concretas y cotidianas, no desde explicaciones abstractas. La principal dificultad fue la heterogeneidad del grupo: cada niño o niña presentaba formas distintas de expresar el enfado, regularse, participar o aceptar la intervención adulta. Esta diversidad exigía flexibilidad, observación constante y capacidad para ajustar la respuesta.

Reflexión personal y crítica

Participar en estos talleres me ha ayudado a comprender mejor la importancia de la regulación emocional como parte de la intervención psicopedagógica. No basta con identificar el perfil cognitivo de un menor; también es necesario acompañar su desarrollo emocional, ayudarle a poner palabras a lo que siente y ofrecer estrategias para actuar de forma más ajustada.

También he aprendido que validar una emoción no significa justificar cualquier conducta. Esta distinción me parece fundamental. En los talleres se trabajaba precisamente la idea de que enfadarse es legítimo, pero hacer daño, gritar, bloquearse o responder de forma agresiva puede y debe ser acompañado hacia otras formas de expresión.

La experiencia conecta directamente con mi proyecto de orientación a familias, porque muchas de las dudas que aparecen tras la identificación de altas capacidades tienen que ver precisamente con la gestión emocional: qué hacer cuando el niño se frustra, cómo actuar ante explosiones de ira, cómo acompañar la intensidad, cómo poner límites sin invalidar o cómo diferenciar entre necesidad emocional y conducta inadecuada.

En este sentido, los talleres me han permitido enriquecer mi mirada sobre la orientación familiar. Comprendo mejor que las familias no solo necesitan información sobre qué son las altas capacidades, sino también pautas para acompañar situaciones cotidianas complejas. Esta conexión entre intervención directa con menores y asesoramiento a familias ha sido uno de los aprendizajes más importantes de esta actividad.

Observaciones personales

Como observación personal, destacaría la importancia de la presencia adulta serena. En varias sesiones pude comprobar que, ante situaciones de enfado o desregulación, la respuesta del adulto influye mucho en la evolución del conflicto. Una intervención calmada, firme y validante puede ayudar al menor a recuperar progresivamente el control; en cambio, una respuesta excesivamente reactiva puede aumentar la tensión.

También he visto que los talleres socioemocionales no deben entenderse como actividades complementarias o secundarias. En el caso de niños y niñas con altas capacidades, pueden constituir un espacio fundamental para aprender a comprenderse, relacionarse mejor y desarrollar estrategias de autorregulación.

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